




En medio del tiempo de vacaciones, los seminaristas de las ocho diócesis del país, que conforman el Seminario Nacional, vivieron días para volver al corazón. Es esta invitación del Papa León XIV a los seminaristas, el 24 de junio de 2025, la que mueve a la vivencia de estos días en el Seminario, ir al corazón, a la interioridad, donde Dios habla.
Distribuidos en las dos sedes: Paso Ancho y La Garita y en sus tres etapas formativas, un total de 110 seminaristas vivieron durante estas dos semanas de enero, una experiencia profunda de fe, fraternidad y trabajo interior. Desde sus realidades familiares y parroquiales han regresado a su Casa de Formación, porque ha resonado en sus corazones la convicción del salmista: «Tu rostro buscaré, Señor» (Sal 27,8), expresión de una búsqueda que no se detiene ni siquiera en tiempo de vacaciones.
Para conocer más sobre los seminaristas en las etapas de formación puedes accesar al siguiente enlace:
Convivencia de Ingreso a la sede del Introductorio – La Garita

Del miércoles 14 al sábado 17 de enero, la etapa del año Introductorio, conformada por 22 seminaristas, celebró su Convivencia de Ingreso. Los jóvenes de la Generación 2026 vivieron estos días como un inicio decisivo en su camino vocacional. Caminarán durante el período de su formación bajo el lema: Tener los mismos sentimientos de Cristo. Fue un espacio de encuentro fraterno para conocerse como hermanos y, a través de la oración, la reflexión y la convivencia, comenzar esta experiencia formativa de la mano de Jesús. Realizaron un acercamiento a las cuatro dimensiones de la formación que les llevará a caminar juntos como discípulos de Cristo.

Semana de Espiritualidad – Paso Ancho
Por su parte, las etapas de Filosofía y Teología, con 47 y 41 seminaristas respectivamente, vivieron en la sede de Paso Ancho, del domingo 18 al viernes 23 de enero, su Semana de Espiritualidad. Este tiempo fuerte les permitió detener el ritmo cotidiano, renovar su “Sí” al Señor y profundizar en la experiencia viva de su amor. En el silencio, la oración y la vida comunitaria, los seminaristas fortalecieron su identidad como hombres de Dios, llamados a ser testigos del Evangelio, en medio del mundo.
Es Él quien sigue tomando la iniciativa
Así, en medio del tiempo de descanso académico, el Seminario recuerda que la vocación no se suspende ni se pone entre paréntesis. Por el contrario, se cuida en el silencio, se renueva en la oración y se fortalece en la vida fraterna. Al detener el paso y volver al corazón, volver al Señor, los seminaristas descubren que es Él quien sigue tomando la iniciativa, llamando una y otra vez, y sosteniendo con su gracia el camino iniciado.

En la búsqueda constante de su rostro, estos días se convierten en un tiempo de gracia que reaviva la alegría primera del llamado. Una alegría serena y profunda, que no nace del entusiasmo pasajero, sino del saberse mirados, amados y enviados. Al volver al corazón, los seminaristas renuevan su disponibilidad para dejarse configurar por Cristo, Buen Pastor, y aprender a entregar la vida con generosidad.
Recuerden bien la invitación de san Agustín a volver al corazón, porque allí encontramos las huellas de Dios.
Papa León XIV
De este modo, el Seminario continúa su misión de formar hombres que sean Testigos de la Alegría y de la vocación. Hombres capaces de transparentar con su vida que seguir a Cristo vale la pena. Hombres que, desde la escucha atenta de la Palabra, la celebración de la Eucaristía y la comunión fraterna, anuncien con el testimonio, que Dios sigue llamando.



